“La muerte forma parte de la vida, por eso no hay que temerla sino amarla”.

Confieso que hace muchos años le tenía verdadero pánico a eso que tu veías con cierta normalidad. Quizás, pensaba, quienes la ven un poco más de cerca, tienden a normalizarla como algo que puede pasar más pronto que tarde. Pero el paso del tiempo me hizo aprender que la muerte, aunque no he llegado a amarla aún, forma parte del juego de la vida. Pero no, no quiero hablar de mí, quiero hablar de ti. Probablemente no te lo merezcas mucho más que otras personas, pero para mí, lo mereces por encima de todas ellas.

Yo no conocí tu caso desde un principio. Esto de Internet, Instagram y otras redes sociales me acercaron a ti, y me llevaron a esas páginas tan poco visitadas hasta que apareciste tú como son las relacionadas con las donaciones de médula. Las visité, me conciencié, y aunque ya no pueda hacer mucho por ti, creo que en escasos días haré lo que tu realmente querías conseguir por los que están en tu misma situación. Donaré, sí, pero por lo que a continuación quiero explicarte y que llevo meses guardando hasta que tu martirio acabase, fuera cara o fuese cruz.

Nunca y escúchame (que se que lo harás), NUNCA me he encontrado a alguien en este mundo que hablara con tanta transparencia de un problema que miles de personas sufren. NUNCA he conocido a nadie que tuviera la sangre fría de pedir por los demás antes que por él; porque sí, es cierto que muchas veces los “predicadores” suelen pluralizar para no mostrar a las claras que lo único que les importa son ellos mismos, pero por suerte o por desgracia se les ve de lejos.

Pero es que Pablo, no era tu caso. Tu manera de expresarte, tu manera de sentir, tu manera de vivir, demostraba que lo que decías era ¡tan cierto! Que tu lucha era una lucha contra el tiempo y contra las casualidades que han de encontrarse para que tu caso tuviera solución. Por eso, más allá de rogar por tí, rogabas por los demás; pedías por todos aquellos que estaban en tu situación pero también por los que lo estén en el futuro. Haciendo un absurdo símil, eras el “luchador del cambio climático”, una persona que ve más allá del presente y espera una respuesta masiva de la ciudadanía por lo que pueda venir.

Y Pablo, se que te has ido orgulloso de lo que has hecho. Has sido capaz de llegar al alma de la gente, al corazón y en este caso, aún más importante, a lo más hondo del cerebro. Has conseguido que las donaciones hayan subido en España un 80%. Con tu manera de vivir y de morir, nos has demostrado que la vida no acaba con la muerte. Que ésta es un proceso inacabable cuya muerte es sólo un punto de inflexión que a veces sirve para poco y en otras, la tuya, para ¡TANTO!

Descansa en Paz, aunque de sobra sabemos que desde allá arriba seguirás luchando por los demás, porque haya el menor número de muertes por esta enfermedad, porque haya mucha más gente que vea más allá de su ombligo.

Desde mi ventanita al mundo: GRACIAS. Con unos cuantos “Pablos” más por el mundo, esto daría un giro radical. Sigue luchando. Siempre.

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